Somos una casa de Aguasay que comercia con lo que mejor sabe hacer su pueblo: chinchorros de curagua tejidos a mano. No fabricamos; seleccionamos, documentamos y enviamos piezas de autor para que el oficio siga teniendo quien lo compre y, sobre todo, quien lo herede.

Nuestra historia: de tres matas a una colección

Aguasay se fundó en 1769 sobre tierras del pueblo chaima, entre los ríos Cari y Guanipa. La curagua llegó a sus suelos en la década de 1920: según la memoria de la comunidad, don Susano Cedeño trajo tres matas desde Caratal de El Tigre y las sembró en Pueblo Viejo. De esas primeras pencas salieron las fibras con las que Juan Flores y el Catire Idrogo empezaron a trabajar el hilo.

Un siglo después, esa cadena sigue intacta: familias que cultivan, mujeres que escarmenan e hilan, maestras que tejen en telar vertical. Amanda Infante de Rivas es uno de los nombres propios de esa historia. Nosotros llegamos al final del camino, para que las piezas salgan de Aguasay sin perder el nombre de quien las hizo.

Amanda Infante de Rivas, maestra tejedora de curagua

En 2015 la UNESCO inscribió los conocimientos y técnicas tradicionales vinculadas al cultivo y procesamiento de la curagua en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En 2011 la misma organización había reconocido la artesanía de curagua con el Premio a la Excelencia. Ese doble sello no es un argumento de venta: es la razón por la que este trabajo merece un precio justo.

Nuestra filosofía

Entendemos el tejido tradicional no como un recuerdo que exhibir, sino como un oficio que sostener. Por eso trabajamos únicamente con piezas de autor elaboradas en curagua, la seda vegetal autóctona de Aguasay, y lo hacemos con una idea simple: el valor de una pieza está en el tiempo que alguien le dedicó.

Cada chinchorro es un testimonio del diálogo entre quien lo teje y su entorno. Comprarlo aquí significa que una parte del precio se queda en la comunidad que lo produjo, no en una cadena de intermediarios.

Nos inspira la cultura venezolana, su riqueza y su diversidad. Queremos que nuestras piezas se sientan en casa, que se usen —no que se guarden como un objeto de vitrina— y que pasen a la siguiente generación con su historia.

Lo que nos comprometemos contigo

  • Piezas auténticas. Solo curagua y moriche trabajados por artesanos de Aguasay y de la tradición venezolana.
  • Compra directa. Sin intermediarios ni distribuidores: hablas con el taller antes y después de encargar.
  • Tiempos claros. Cada pieza se teje bajo encargo; te confirmamos el plazo por WhatsApp antes de empezar.
  • Trazabilidad. Cada chinchorro sale con su referencia, sus medidas y su origen documentado.
  • Precio honesto. El importe reconoce el cultivo, el hilado y los meses de tejido que hay detrás.

Nuestros valores

  • Calidad. Materiales naturales y duraderos, con acabados comprobados pieza a pieza.
  • Respeto por el oficio. Preservamos la sabiduría textil de la comunidad chaima de Aguasay y damos crédito a quien la practica.
  • Sostenibilidad. Fibras vegetales, procesos manuales y una producción que no genera excedentes.
  • Compromiso social. Apoyamos el desarrollo económico de las familias tejedoras y reconocemos su trabajo con un precio justo.
  • Diversidad. Celebramos la variedad de estilos, gustos y formas de habitar una casa.

Un chinchorro que espera por ti

Tenemos piezas matrimoniales, familiares e individuales, y también chinchorros de moriche para climas cálidos. Si buscas un tamaño o un acabado concreto, escríbenos: casi todo se puede tejer a medida.

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