Por el mismo acto por el que el hombre hila desde su interior la lengua se hace él mismo hebra de aquella, y cada lengua traza en torno al pueblo al que pertenece un círculo del que no se puede salir si no es entrando al mismo tiempo en el círculo de otra.
HUMBOLDT, 1990: 9
Los Chinchorros de Curagua tienen una rica historia que se remonta a muchos años atrás. En esta página, exploramos la Historia de los Chinchorros de Curagua, desde su origen hasta su evolución a lo largo del tiempo. Acompáñanos en este fascinante viaje a través del tiempo.
Origen de la palabra “chinchorro”
La palabra «chinchorro» tiene varios significados en el idioma español, dependiendo del contexto y la región donde se use. En algunos países de América Latina, como Colombia y Venezuela, se refiere a una red de pesca o a una hamaca tejida con fibras vegetales. En otros lugares, como Puerto Rico y República Dominicana, se usa para designar un establecimiento pequeño y modesto donde se venden bebidas y comidas típicas.
Pero ¿cuál es el origen de esta palabra? Según el naturalista alemán Alexander von Humboldt, que viajó por América del Sur a principios del siglo XIX, la palabra «chinchorro» proviene del idioma chaima, una lengua indígena que se hablaba en el noreste de Venezuela. Humboldt atribuye al lenguaje chaima las palabras «totuma» y «chinchorro» (sinónimo para hamaca).
Los chaimas eran un pueblo que habitaba en las zonas cálidas de los actuales estados Sucre y Monagas. Se dedicaban a la agricultura, la caza y la pesca. Usaban redes de pescar llamadas chinchorros, que también servían como camas o hamacas para descansar. Estas redes estaban hechas con fibras de moriche o maguey.
Los chaimas fueron sometidos por los conquistadores españoles y luego evangelizados por los misioneros capuchinos aragoneses. Muchos tuvieron que abandonar sus tierras y seguir a los monjes en las misiones de la zona de Caripe, Caicara, Aguasay, Maturín y Guayana. Allí se mezclaron con otros grupos indígenas y con población mestiza. Su lengua fue desapareciendo poco a poco hasta quedar extinta.
Así pues, la palabra «chinchorro» es un testimonio de la riqueza cultural y lingüística de los pueblos originarios de América Latina.
En 1769, el fraile Manuel de la Mata se traslada desde la población de Caicara, con la orden de fundar un pueblo en la planicie ubicada entre el rio Cari y el rio Guanipa y estableció el nombre de Nuestra Señora del Carmen de Aguasay, así queda para la historia «Aguasay», pueblo de origen autóctono. Los primeros pobladores, que ya habitaban por años de esos territorios, fueron los indios Chaimas.
Para finales del siglo XIX la etnia Chaima pura comenzó a desaparecer. Sin embargo, los rasgos originales, costumbres y saberes, más no su lengua, se ha trasmitido de generación en generación a través de familias que conservan los apellidos autóctonos de los Chaimas como son Romero, Lima, Orozco, Maita, Pucutivo, Anoco, Chigüita, Salmerón, Aray, entre otros.
De acuerdo con el testimonio de Pedro Celestino Cedeño Poito (Negro Poito), la curagua llegó al municipio Aguasay gracias a su padre Don Susano Cedeño, quien la trajo de Caratal de El Tigre, en uno de sus viajes a Ciudad Bolívar en la década de 1920, específicamente tres matas de Curagua y las sembró en un sector denominado Pueblo Viejo con la intención de ornamentar su tierra y trabajarla como materia prima para la elaboración de artesanía como la elaboración de chinchorros, carteras, bolsos, etc.
Al llegar el tiempo de cosecha de las tres primeras matas de curagua, el Señor Juan Flores y el Catire Idrogo, tallaron las hojas de curagua para obtener la fibra, utilizándola por primera vez en cabestros.

El primer chinchorro de curagua lo tejió su mamá Francisca Poito, quien torció el hilo de curagua en la pierna, lo hizo en forma de malla y lo vendió en Caicara por 24 bolívares.
Según el cronista emérito del municipio Aguasay, Nerio Celestino Guzmán Cermeño, las primeras personas que trabajaron la curagua fueron las mujeres, que aprendieron a torcerla con la pierna o con una goma de caucho adherida a un trozo de madera. Luego emplearon el huso a mano para hacer el hilo y tejerlo en telares rudimentarios. Así nacieron los famosos chinchorros de curagua, que se caracterizan por su malla primigenia y su color blanco natural.
Evolución de los chinchorros de curagua
Se le atribuye a Petra María Mendoza de Pérez, mejor conocida como la Catira Mendoza, el mérito de haber perfeccionado los tejidos y calados, convirtiéndose en innovadora y talentosa escuela de las mujeres con la blanca fibra. Sus manos crearon el chinchorro de Curagua para el Benemérito presidente en el año 1928, el cual tenía bordado el escudo, la bandera y el nombre del General Juan Vicente Gómez, a quien se lo regaló, y él le mandó a dar una compensación de 500 bolívares, que para la época se vendía a dos bolívares el kilogramo de fibra hilada o la cambiaban por papelón o sal.
Entre los creadores de los aditamentos del chinchorro de Curagua, hay varios nombres que sobresalen por su talento e innovación:
- En hico: Don Luis Felipe Guzmán fue el primero en torcer la fibra de Curagua como si fuera cerda o crin de caballo para hacer las arriendas, unas tiras muy cotizadas en el llano. Luego le siguieron Don Esteban Rodríguez Grimón y su hijo Pedro Rodríguez «pichón», quienes heredaron el oficio a Pedro Rodríguez «veintiuno». También destacan Don Leandro Abache «chemare» y su hijo Luis Abache Guillent.
- En lanza: Don Esteban Rodríguez Grimón también fue el creador de las lanzas de las cabuyeras, unas varillas tejidas al estilo de las cinchas o correas de las sillas de los caballos. Este tipo de tejido se conoce como nudo o piña.
- En randa: Petra María Mendoza de Pérez «la catira Mendoza» fue una mujer esplendorosa en la creación de adornos y nudos de macramé para las randas del chinchorro.
- En bordado: Doña Celestina «Titina» Rodríguez se destacó por el bordado de letras y símbolos políticos y de instituciones públicas, en sedalina sobre el chinchorro, el último en hacer fue el logo de la extinta Corpoven, empresa filial de PDVSA. Amanda Infante de Rivas fue una maestra del diseño bajo el bordado en diferentes puntos para hacer un cubrecama de Curagua. También resalta Carmen Luisa «miní» Cova Mota, quien manejó el hilo Curagua en aguja para hacer productos como pantuflas, cinturones, manteles, cortinas u otros accesorios.

Estos son solo algunos ejemplos del arte y la creatividad que hay detrás del chinchorro
de Curagua y sus aditamentos. Sin duda, se trata de una expresión cultural que merece ser reconocida y valorada por todos los venezolanos.
Bibliografía
Maurera, Eduardo. Aguasay tierra de la curagua, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Guzmán Cermeño, Nerio Celestino. Aguasay, pueblo de doctos y tradiciones: El Chinchorro de Curagua Historia y su Origen.