Por el mismo acto por el que el hombre hila desde su interior la lengua se hace él mismo hebra de aquella, y cada lengua traza en torno al pueblo al que pertenece un círculo del que no se puede salir si no es entrando al mismo tiempo en el círculo de otra.
HUMBOLDT, 1990: 9
Los chaimas y el nombre del chinchorro
Los chaimas fueron sometidos por los conquistadores españoles y luego evangelizados por los misioneros capuchinos aragoneses. Muchos tuvieron que abandonar sus tierras y seguir a los monjes en las misiones de la zona de Caripe, Caicara, Aguasay, Maturín y Guayana. Allí se mezclaron con otros grupos indígenas y con población mestiza. Su lengua fue desapareciendo poco a poco hasta quedar extinta.
Así pues, la palabra «chinchorro» es un testimonio de la riqueza cultural y lingüística de los pueblos originarios de América Latina.
Aguasay, 1769
En 1769, el fraile Manuel de la Mata se traslada desde la población de Caicara, con la orden de fundar un pueblo en la planicie ubicada entre el rio Cari y el rio Guanipa y estableció el nombre de Nuestra Señora del Carmen de Aguasay, así queda para la historia «Aguasay», pueblo de origen autóctono. Los primeros pobladores, que ya habitaban por años de esos territorios, fueron los indios Chaimas.
Para finales del siglo XIX la etnia Chaima pura comenzó a desaparecer. Sin embargo, los rasgos originales, costumbres y saberes, más no su lengua, se ha trasmitido de generación en generación a través de familias que conservan los apellidos autóctonos de los Chaimas como son Romero, Lima, Orozco, Maita, Pucutivo, Anoco, Chigüita, Salmerón, Aray, entre otros.
La curagua llega a Aguasay en los años 20
De acuerdo con el testimonio de Pedro Celestino Cedeño Poito (Negro Poito), la curagua llegó al municipio Aguasay gracias a su padre Don Susano Cedeño, quien la trajo de Caratal de El Tigre, en uno de sus viajes a Ciudad Bolívar en la década de 1920, específicamente tres matas de Curagua y las sembró en un sector denominado Pueblo Viejo con la intención de ornamentar su tierra y trabajarla como materia prima para la elaboración de artesanía como la elaboración de chinchorros, carteras, bolsos, etc.
Al llegar el tiempo de cosecha de las tres primeras matas de curagua, el Señor Juan Flores y el Catire Idrogo, tallaron las hojas de curagua para obtener la fibra, utilizándola por primera vez en cabestros. El hilado con huso —el gesto que convierte la penca en hilo— es uno de los pasos que la UNESCO reconoce como patrimonio inmaterial.
Amanda Infante de Rivas: el nombre propio del oficio

Amanda Infante de Rivas, maestra tejedora de Aguasay.
Ningún patrimonio inmaterial se sostiene sin maestras que lo resguarden en el telar. Amanda Infante de Rivas representa a la estirpe de tejedoras de Aguasay que elevaron la cadeneta, el calado de la malla, las cabuyeras y el macramé de las randas a la categoría de arte mayor, formando a nuevas generaciones de artesanas en sus propios hogares y sentando las bases vivas para que la UNESCO otorgara el Premio a la Excelencia en Artesanía (2011) y la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (2015).
La historia de la curagua no vive en un archivo: vive en las manos que siguen hilando y tejiendo en Aguasay. Esa continuidad —y no solo el reconocimiento— es lo que convierte un chinchorro en una pieza de cultura viva. Puedes ver cómo se hace hoy en el proceso productivo o descubrir las piezas disponibles en la tienda.
Bibliografía
Humboldt, A. von y Bonpland, A. (1826). Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente Tomo 2. París: Rosa.
Maurera, Eduardo. Aguasay tierra de la curagua, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Guzmán Cermeño, Nerio Celestino. Aguasay, pueblo de doctos y tradiciones: El Chinchorro de Curagua Historia y su Origen.
Un legado que trasciende generaciones
Adquirir un auténtico Chinchorro de Curagua de Aguasay es un acto de aprecio por el tiempo lento y la preservación del saber tradicional. Cada encargo apoya directamente a las familias de tejedores locales que custodian este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, asegurando que esta joya textil perdure en el tiempo.
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